Nuestros asuntos y alcance

A continuación están algunos de los problemas que son la preocupación de este congreso, revista, y comunidad en línea. Cada uno es característico. Cada uno es un emplazamiento crítico en este momento transitorio. Todos están profundamente interconectados tanto de manera nueva como antigua.

Primero, lo llamamos “computadoras en educación”. Luego fue la World Wide Web. Luego fue la reencarnación del Internet en la forma de la Web 2.0 y las redes sociales. Por mucho tiempo, nosotros, los educadores, hemos vivido con conversaciones entusiastas sobre las implicaciones de la tecnología en el aprendizaje. Algunas veces las ideas han sido plausibles. En otras, los resultados del uso de la tecnología en el aprendizaje han sido decepcionantes.

A pesar de la hipérbole, la educación está en muchos emplazamientos y muchas maneras relativamente inalterados aún-las relaciones de docentes a alumnos entre sí, y de los alumnos con el conocimiento- y en este caso aun cuando se usa la tecnología. Por ejemplo, si el libro de texto impreso se transforma en un libro electrónico ¿cambiarán las relaciones sociales del conocimiento y el aprendizaje en realidad? Si se mecanizan los exámenes de pluma y papel, ¿cambia esto nuestros sistemas de evaluación?

En otras palabras, la tecnología puede reproducir y reforzar (y lo hace con frecuencia) las relaciones tradicionales y didácticas del aprendizaje. Sin embargo, las tecnologías modernas de la información y la comunicación también ofrecen potencialidades que de muchas maneras apenas comenzamos a explorar. A estas posibilidades las llamamos un “nuevo aprendizaje” y “pedagogía transformativa”.

¿Cómo podemos entonces crear y utilizar tecnologías que extienden los límites de la experiencia de aprendizaje, captan más profundamente la atención de los alumnos y producen resultados de aprendizaje que cumplen con las altas expectativas de los ciudadanos, gobiernos y lugares de trabajo en el siglo XXI? Por este motivo en estas comunidad del conocimiento, queremos enfocarnos no solamente sobre el aprendizaje electrónico, sino las innovaciones pedagógicas que esperamos que pudieran apoyar los entornos de aprendizaje electrónico. En esta agenda, las ideas y prácticas del “aprendizaje ubicuo” sugieren una amplia gama de posibilidades.

Desde computación ubicua hasta aprendizaje ubicuo

A primera vista son las máquinas las que distinguen el aprendizaje ubicuo de los anticuados métodos de enseñanza centrados en el aula y los libros. Sin embargo, estas apariencias quizá engañen. El viejo aprendizaje se puede hacer en las nuevas máquinas. El uso de estas no necesariamente indica que el aprendizaje ubicuo haya llegado. Algunas características del aprendizaje ubicuo no son nuevas: ocupan un lugar a veces orgulloso y a veces lamentable en la historia de la innovación educativa y se remontan hasta mucho antes de la actual ola de las máquinas.

No obstante, hay una relación evidente entre el aprendizaje ubicuo y la computación ubicua. El término “computación ubicua” define la extendida presencia de las computadoras en nuestra vida. Las computadoras personales y las portátiles se han vuelto parte integral de nuestro aprendizaje, trabajo y vida comunitaria, a tal punto que, si un individuo no tiene acceso a una computadora equipada con un ancho de banda razonable, se le considera desfavorecido, de escasos recursos y situado del lado indeseable de la “división digital”. Entre tanto, muchos otros dispositivos se parecen cada vez más a las computadoras (de hecho, un número creciente de ellos son computadoras o tienen integradas capacidades de computadora): teléfonos celulares, televisores, sistemas de posicionamiento global, reproductores de música digitales, asistentes personales digitales, videocámaras, cámaras de imágenes fijas y consolas de juegos, por nombrar unos cuantos. Estos dispositivos se encuentran en todas partes. Están bajando de precio. Son cada vez más chicos y portátiles. Cada vez se interconectan más. Por eso los encontramos en muchos lugares en nuestras vidas y muchas veces al día. Su difundida presencia es la manifestación más tangible y práctica de que la computación se ha vuelto ubicua.

Es importante para la educación que las máquinas de la computación ubicua puedan hacer muchas de las cosas que en otro tiempo hacían por los estudiantes plumas, lápices, libros de texto y charlas de los maestros. Pueden hacer tales cosas de igual o de distinta manera.

¿La computación ubicua sienta las bases para el aprendizaje ubicuo? ¿Nos exige transformar nuestros paradigmas educativos?

Puede ser, pero el enfoque de esta red de investigación es más condicional que eso. Para reiterar, el “aprendizaje ubicuo” es un nuevo paradigma educativo posibilitado en parte por las aplicaciones de los medios de comunicación digitales. Los matices de esta afirmación son decisivos. “Posibilitado” significa que no hay una relación determinante directa entre la tecnología y el cambio social. Las tecnologías digitales llegan y casi de inmediato en ellas se integran las viejas prácticas pedagógicas de enseñanza didáctica, impartición de contenidos para consumo de los estudiantes y exámenes en busca de respuestas correctas, y se les llama “sistema de administración del aprendizaje”. Cuando esto sucede, algo cambia, pero decepciona porque no es gran cosa.

Y otro matiz: “aplicación” significa que ahora es más fácil hacer ciertas cosas, y que ahora estamos más inclinados que antes a hacer esas cosas solo porque son más fáciles. Se podía realizar un aprendizaje colaborativo e investigativo en un aula tradicional y en estructuras institucionales anticuadas, pero no era fácil. Las computadoras lo facilitaron. Entonces, las cosas nuevas que la computación ubicua facilita quizá no sean del todo nuevas en sí: modos de comunicación, formas de relación social o maneras de aprender. Sin embargo, evidentemente hoy vale más la pena hacerlas que antes, tan solo porque la nueva tecnología las facilita,. Prácticas sociales deseables que a veces iban contra la corriente por su impracticabilidad idealista, se vuelven viables. La tecnología se convierte en una invitación a hacer las cosas mejor, a menudo como algunas personas llevan largo tiempo diciendo que deberían hacerse.

A continuación hay sólo algunas de las estrategias características del aprendizaje ubicuo que esta red de investigación aborda en sus varios foros de discusión. Los participantes pueden estar o no de acuerdo con ellas, o, si lo prefieren, añadir otras:

Estrategia 1: Borrar las fronteras institucionales, espaciales y temporales tradicionales de la educación.

En las anticuadas instituciones educativas de nuestro pasado reciente, los estudiantes tenían que estar en el mismo lugar a la vez, trabajar en la misma materia y permanecer en la misma página. El aula era una arquitectura de la información que transmitía contenidos de uno a muchos: un autor del libro de texto, aunque fueran muchos millares de estudiantes; un maestro por cada treinta y tantos niños, o un profesor por cada centenar de estudiantes universitarios. La simultaneidad espacial y temporal de este sistema de información y conocimiento tenía un sentido práctico.

Actualmente, en la era de la grabación y la reproducción baratas de cualquier contenido textual, visual y de audio en cualquier lugar, esas aulas son menos necesarias. La educación puede producirse dondequiera y cuandoquiera. Las largas tradiciones de “educación a distancia” y “cursos por correspondencia” significan que estas ideas tienen muy poco de novedosas. La única diferencia ahora es que la computación ubicua vuelve anacrónica e innecesariamente costosa para muchos fines educativos la vieja arquitectura de la información del aula, junto con sus formas características de discurso y relaciones sociales con el conocimiento. Incluso el problema de la obligación de cuidar a los niños es superable con teléfonos móviles y el sistema de posicionamiento global. Conocer la ubicación de un niño en un aula nunca fue mejor que el margen de tolerancia de un metro de los dispositivos GPS.

Y otro problema del aula antigua: la idea era que en ella se impartía preparación para la vida, suficiente para asumir lo que nos deparase el destino, y lo demás podía dejarse a la experiencia. Ahora, todo cambia con tal rapidez que la educación de hoy fácilmente se convierte en la irrelevancia de mañana.

Por eso ha habido estrategias para hacer “extensas y permanentes” la capacitación continua y la educación formalmente acreditada. Para las personas que trabajan y tienen familia, que no pueden trasladarse a una institución ni programar su tiempo fácilmente, la computación ubicua puede ser un medio para obtener educación más allá de las fronteras espaciales e institucionales tradicionales. Desde luego, seguirá siendo importante reunirse en momentos y lugares específicos, pero lo que decidamos hacer en esas reuniones quizá difiera de lo que ocurre en las aulas hoy en día; quizá sea el momento de centrarse en la planeación cara a cara, el trabajo colaborativo y la formación de redes.

Finalmente está la nueva omnipresencia de la pedagogía en espacios de aprendizaje informal y semiformal: menús de ayuda, “interfaces intuitivas”, aprendizaje organizado a modo de juego y enseñanzas de amigos y colegas frente a una pantalla. La única condición de esta forma de aprendizaje es que sea en el momento oportuno y nunca en exceso. Ahora es parte integral de nuestra experiencia del mundo, una aptitud de sobrevivencia en un mundo en cambio constante.

Estrategia 2: Inclinar la balanza del poder.

En el aula tradicional, el maestro y el pizarrón estaban al frente del salón. Los estudiantes se sentaban en filas rectas, escuchaban, respondían preguntas uno por uno o leían en silencio sus libros de texto y hacían su trabajo en sus cuadernos de ejercicios. La comunicación lateral entre estudiantes no era factible ni deseable cuando podía interpretarse como hacer trampa. En esta disposición subyacía una especie de disciplina (escuchar al maestro, reconocer la autoridad del libro de texto) y una relación peculiar con el conocimiento (aquí están los datos y las teorías que tendrás que saber, la literatura que te elevará y la historia que te inspirará). Esta clase de educación tenía cierto sentido para un mundo determinado, un mundo donde los supervisores en el trabajo daban órdenes a gritos o enviaban memorandos en pro de los aparentes intereses productivos de los trabajadores, donde los medios de noticias elegían el único reportaje especial que escuchábamos, y donde todos consumíamos bienes de producción masiva idénticos porque ingenieros y empresarios habían decidido lo que nos convenía. Los autores escribían y las masas leían; las televisiones producían y las audiencias veían; los líderes políticos guiaban y las masas seguían; los jefes daban órdenes y los trabajadores las acataban. Vivíamos en un mundo de mando y obediencia.

Hoy en día la balanza del poder se ha inclinado en muchos ámbitos de nuestras vidas. Los empleadores buscan que los trabajadores formen equipos que se manejen solos, adopten la “cultura” empresarial y acepten la visión y la misión de la compañía. Ahora el cliente siempre tiene la razón y hay que adaptar los productos y servicios para que satisfagan sus necesidades prácticas y preferencias estéticas. En los medios informativos, la computación ubicua ha traído enormes transformaciones. No hace falta escuchar las cuarenta canciones más populares cuando cada cual puede crear una lista de reproducción propia en su iPhone. No es preciso dar por bueno un artículo de la Wikipedia cuando el propio lector puede expresar su desacuerdo o, al menos, consultar los argumentos de otras personas sobre la situación del conocimiento. Tampoco tenemos que aceptar los ángulos de cámara del productor de un canal televisivo de deportes cuando podemos elegir los propios en la televisión interactiva. No hay necesidad de ver lo que los medios de radiodifusión y teledifusión nos presentan cuando podemos elegir lo que nos interesa en YouTube, comentar lo que vemos y, si queremos, producir y subir nuestra propia televisión. No tenemos que experimentar relatos de aventuras a través de otra persona cuando podemos ser jugadores de un videojuego. Este nuevo orden se aplica de la misma manera al aprendizaje. No hace falta ser un receptor pasivo de conocimientos transmitidos cuando estudiantes y maestros pueden ser creadores de conocimiento en colaboración.

En cambio, hay muchas fuentes de conocimiento, a veces en problemática discrepancia unas de otras, y tenemos que ingeniárnoslas para sortear estos obstáculos. Hay muchos sitios y modalidades de conocimiento, y tenemos que ir en busca de ellos para encontrarles sentido  a las cosas. Quizá haya cuerpos de conocimiento ampliamente aceptados y por lo mismo autorizados a los que tengamos que remitirnos, pero éstos siempre se aplican de manera singular a circunstancias específicas y locales; sólo nosotros podemos hacerlo, en un lugar y un momento propios. En este entorno, se exigirá que los maestros estén mejor preparados y sean más cultos, no menos. Su poder radicará en su pericia y no en su control ni en su don de mando.

Estrategia 3: Reconocer las diferencias entre los estudiantes y usarlas como un recurso productivo.

Las sociedades modernas valoraban la uniformidad: todos leíamos el mismo puñado de periódicos y veíamos los mismos canales de televisión; todos consumíamos los mismos productos; y si éramos inmigrantes, indígenas o de una minoría étnica, teníamos que integrarnos a la mayoría para que todos pudiéramos marchar sin problemas al ritmo nacional.

Y lo mismo sucedía en las escuelas: todo el mundo tenía que escuchar al maestro a la vez, abrir el libro en la misma página y hacer el mismo examen al final para ver si habíamos aprendido lo que el plan de estudios esperaba de nosotros. Ahora hay cientos de canales de televisión, incontables sitios web, una variedad infinita de productos para el estilo de cada cual, y tratándose de inmigrantes, indígenas o minorías, su diferencia es un aspecto de nuestro recién hallado cosmopolitismo.

Todo esto es parte de un profundo cambio en la balanza del poder. Basta dar a los individuos la posibilidad de ser ellos mismos y resultará que son diferentes de una miríada de maneras: materiales (clase, localidad), corporales (edad, raza, sexo y sexualidad, y características físicas y mentales) y simbólicas (cultura, idioma, género, familia, afinidades e imagen).

Hoy en día, en las escuelas, estas diferencias son más evidentes y persistentes que nunca. ¿Y qué hacemos al respecto? El aprendizaje ubicuo ofrece varias posibilidades. No todos los estudiantes tienen que estar en la misma página; pueden estar en distintas de acuerdo con sus necesidades. Todos los estudiantes pueden conectar lo general y lo autorizado con los detalles específicos y las particularidades de sus propias experiencias e intereses en la vida. Todo estudiante puede ser un autor de conocimiento y un creador de cultura, y en todo momento de esa autoría y creación rehacen el mundo con el timbre de su voz y de un modo que se relaciona con sus experiencias. Los estudiantes también pueden trabajar en grupo, como creadores colaborativos de conocimiento, y la fuerza del conocimiento conjunto procede de su capacidad para usar productivamente la complementariedad que surge de sus diferencias.

En este contexto, los maestros tendrán que ser miembros participativos de comunidades de aprendizaje cosmopolitas y cocreadores, junto con los estudiantes, de sus caminos de aprendizaje.

Estrategia 4: Ampliar el abanico de modos de representación.

La computación ubicua graba y transmite significados de múltiples maneras: oral, escrita, visual y en audio. A diferencia de las anteriores tecnologías de grabación, en el proceso de fabricación estos modos de representación se reducen a la misma materia prima: ceros y unos. Además, como nunca antes, el costo de producción y transmisión de esta materia es casi nulo.

Hoy en día, cualquier persona puede ser cineasta, un escritor que alcance todas las audiencias, compositor electrónico, productor de radio. Las instituciones educativas tradicionales no han podido seguir el ritmo de esta proliferación de medios de comunicación. Y aunque los educadores no han hecho todavía cuanto podían con las sencillas aplicaciones de los nuevos medios, los estudiantes muchas veces lo han hecho. Cuando los educadores se ponen al día, el aprendizaje parece más pertinente, impactante y fascinante. Los educadores tendrán que entender las diversas gramáticas de los múltiples modos de creación de significados que lo digital ha posibilitado, con la misma profundidad que las formas alfabéticas y simbólicas tradicionales.

Estrategia 5: Desarrollar aptitudes de conceptualización.

El mundo de la computación ubicua está lleno de complejas arquitecturas técnicas y sociales que debemos saber leer para poder ser usuarios o jugadores. Entre ellas se cuentan las identificaciones sustitutivas en forma de nombres de archivo e imágenes en miniatura, y las arquitecturas de navegación de menús y directorios. Se cuenta el uso de etiquetas semánticas de folcsonomías domésticas, las taxonomías formales que definen los dominios de contenido, y las normas que se utilizan para construir sitios web, controlar las fuentes web, definir campos de bases de datos e identificar el contenido de los documentos.

Estos nuevos medios requieren una peculiar sensibilidad de conceptualización y formas sofisticadas de reconocimiento y esquematización de patrones. Por estas razones (y también por otras buenas y mucho más antiguas razones educativas), el aprendizaje ubicuo requiere estrategias de abstracción y metacognitivas de un orden superior. Esta es la única manera de abrirse paso por lo que, en caso contrario, serían las imposibilidades de la cantidad de la información. Los maestros tienen, pues, que volverse usuarios expertos de estas nuevas herramientas de creación de significados, aplicando el metalenguaje que ellos y sus estudiantes necesitan por igual para entender sus posibilidades.

Estrategia 6: Conectar el propio pensamiento con la mente social de la cognición trastornada y la inteligencia colectiva.

En la era de la computación ubicua, uno no es lo que ya sabe sino lo que puede llegar a saber, el conocimiento que tiene a la mano porque empuña un dispositivo. Todavía en el pasado reciente teníamos a la mano bibliotecas o especialistas a quienes podíamos consultar. La cognición siempre ha estado distribuida, y la inteligencia ha sido colectiva. La tecnología más notable de la cognición distribuida es el propio lenguaje.

No obstante, ahora hay tal inmediatez, vastedad y navegabilidad del conocimiento que está a nuestro alcance y es accesible para los dispositivos, que éstos se han convertido de manera cada vez más directa extensiones de nuestras mentes.

Quienes antes memorizaban números de teléfono se darán cuenta de que algo les sucede a sus mentes cuando los números que necesitan quedan almacenados en el teléfono móvil: este los recuerda por ellos. Se vuelve una extensión indispensable de nuestra mente. Esto supone la sentencia de muerte para el examen a libro cerrado. Los educadores tendrán que crear nuevas medidas para evaluar la capacidad de los estudiantes para saber cómo saber en este nuevo entorno.

Estrategia 7: Construir culturas del conocimiento colaborativas.

La computación ubicua promueve formas de reflexividad social que pueden crear “comunidades de práctica” para fomentar el aprendizaje. En el contexto del aprendizaje ubicuo, los maestros aprovechan la enorme energía lateral de la creación de conocimiento de las redes de acceso compartido y el poder de la inteligencia colectiva. Esto desarrolla la complementariedad de las diferencias entre los estudiantes: experiencia, conocimientos, modos de pensar y formas de ver. Los estudiantes también hacen participar a personas que antes se habrían considerado ajenas o incluso no autorizadas a acceder al proceso de aprendizaje: los padres y otros miembros de la familia, amigos críticos o especialistas.

Los espacios de trabajo digitales de las tecnologías de “formación de redes sociales” son sitios ideales para esta clase de trabajo, a la vez simple y muy transparente en lo que respecta a auditar las diferentes contribuciones. Los maestros requieren aptitudes superiores para construir comunidades de aprendizaje que sean genuinamente incluyentes, de modo que todos los estudiantes alcancen su potencial.

Cada una de estas estrategias explora y explota los potenciales de la computación ubicua. Ninguna, sin embargo, es un pensamiento pedagógico ni una agenda social nuevos en la era de la computación ubicua. La única diferencia es que ahora no hay razón práctica alguna para no adoptar alguna de estas estrategias. Las posibilidades están ahí, y si podemos, quizá debamos usarlas. Cuando lo hagamos, podríamos descubrir que empieza a surgir un nuevo paradigma educativo. Y mientras surge este paradigma, quizá también observemos que los educadores toman la iniciativa en la innovación tecnológica.

El viaje del aprendizaje ubicuo apenas comienza. Para emprenderlo tenemos que desarrollar prácticas y tecnologías revolucionarias que nos permitan volver a concebir y reconstruir el contenido, los procesos y las relaciones humanas de la enseñanza y el aprendizaje.

Referencia: Bill Cope y Mary Kalantzis (eds.), “Introduction: The Beginnings of an Idea”, en Ubiquitous Learning (Urbana, University of Illinois Press, 2008).